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La locura del amor

  • Foto del escritor: Claudio Zúñiga Rojas
    Claudio Zúñiga Rojas
  • 16 ago 2021
  • 3 Min. de lectura

Amarré la toalla de mano alrededor de su muñeca sangrante, mientras él me miraba con sus ojos en expresión de asombro, yo le preguntaba por qué lo había hecho, el me contestaba “no lo sé, no lo sé, no lo sé”, desesperada llame a la ambulancia que demoró bastante en llegar, él repetía “no lo sé, no sé que me pasó, no sé como hice esto”, lo tranquilicé con palabras estúpidas que me venían a la mente, mientras lágrimas nerviosas corrían por mis mejillas.

Aún no me explico cómo me enamoré de él, más aún, no logro dimensionar cómo no me percaté de su trastorno cuando lo conocí, en la escuela de medicina era la mejor, mis compañeras bromeaban con que al graduarnos yo sería una psiquiatra condecorada, saldría en revistas especializadas de medicina y no habría ser humano alguno que me sorprendiera, en parte estaban en lo cierto, mi trabajo es fantástico, como profesional soy bastante alabada, pero en lo que corresponde a las sorpresas, se equivocaron, un ser humano me engaño.

Vivimos meses maravillosos en los cuales él era una persona de comportamiento normal, inclusive mejor que todos los idiotas de mis relaciones pasadas, era tierno y preocupado, galante y gran amante, todo lo nuestro sucedió tan rápido, además, siempre me jactaba de que la razón guiaba cada paso de mi vida, pero esta vez el corazón tomó el mando, y en poco tiempo ya nos encontrábamos viviendo juntos, felices con nuestro día a día, yo salía cada mañana a trabajar, nunca me extrañó que trabajará desde casa, era diseñador y se dedicaba a realizar proyectos para empresas particulares, siempre que me iba se quedaba ahí, y siempre que llegaba estaba ahí.

La transformación de su personalidad comenzó con pequeñas rarezas, extraños delirios de persecución que lo hacían mirar muchas veces por la ventana corriendo levemente la cortina, si salíamos de compras miraba continuamente hacia atrás, le preguntaba a quien observaba y me contestaba “nada, nada”, comencé a suponer que tal vez estaba consumiendo algún tipo de droga mientras se encontraba solo en casa, lo que provocaban ese tipo de comportamientos repentinos. Una noche me despertó moviéndome con fuerza y me dijo en susurros “¡el diablo en el armario!”, yo aún media dormida miré hacia el armario y repentinamente sentí que este se estremeció por segundos, me paré de un salto alarmada, él estaba tapado con el cubrecama hasta el cuello, yo estupefacta y aún despertando me acerque con cautela y de golpe corrí la puerta del armario para percatarme que dentro no había nada extraordinario, entonces lo miré y por un fugaz momento juraría que sus ojos brillaban de un color rojo, como los gatos cuando los miras en la oscuridad, di un pequeño salto hacia atrás, me rasgue los ojos y la visión desapareció.

Los recuerdos de los días que siguieron son confusos, él alucinaba con que lo seguía el gobierno, los iluminatis, una secta satánica, yo extremadamente preocupada ya que mi pareja ya no era mi pareja, intenté convencerlo de ir a tratarse a la clínica con un psiquiatra amigo, estaba convencida que él sufría algún tipo de esquizofrenia, pero se negaba diciendo que todo era un complot conspiracional en su contra, recuerdo encontrar un cuchillo bajo su almohada, recuerdo intentar contactarme con la clínica pero mi celular había desaparecido, los recuerdo una noche parado en la puerta del dormitorio con el cuchillo en la mano, luego lo recuerdo con sus venas rotas en el baño, recuerdo que lo amaba y era perfecto, pero el hombre del cual me enamoré nunca más regresó.

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