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Incestuoso antagonismo

  • Foto del escritor: Claudio Zúñiga Rojas
    Claudio Zúñiga Rojas
  • 16 ago 2021
  • 11 Min. de lectura

Isidora se aguantaba la risa mientras estaba escondida en el ropero gigante del dormitorio de sus padres, el guardarropas era casi un cuarto más para una casa normal, pero para aquella humilde mansión en la comuna de Lo Barnechea, ese solo era un cuartucho para coleccionar artículos de vestir, y que su hija adolescente lo utilizaba para jugar a las escondidas en varias ocasiones, en especial mientras sus padres trabajaban, o continuaban con reuniones sociales, es decir muchos días, entonces era habitual que entre primas y primos jugaran el típico juego de las escondidas, el cual se ponía bastante travieso mientras transcurrían las búsquedas.

Maximiliano recorría la casa con sigilo, tanto jugar a la escondida lo había transformado en un ninja con maestría, en especial cuando el objetivo era encontrar a sus primas, y más aún cuando la Isi (como llamaban a Isidora) era su meta favorita, sus ojos color cielo, sus cabello rubio y ondulado, sus labios carnosos y su cuerpo en desarrollo, que cada vez se volvía mas curvo, llamaban mucho a los instintos corporales que se venían manifestando en el Maxi (como llamaban comúnmente a Maximiliano, quien a sus trece años ya era un muchacho delgado y alto, un metro setenta y nueve llevaba en camino, pelo crespo y castaño, ojos pardos e intensos, llevaba una sonrisa pícara cuando entro al dormitorio de sus tíos, sabía que su presa estaba cerca, la Isi escuchó las pisadas y se movió entre las blusas de su madre para esconderse aún más, Maxi escucho ese movimiento y abrió lentamente la puerta del ropero-pieza, olfateó en el aire el inconfundible aroma del perfume de su prima Isidora, y se alegró de haber encontrado a la prima apetecida, se introdujo entre las blusas y abrasó por la espalda a la Isi que reía emocionada por haber sido descubierta en su escondite.

_¡te pillé! ,- le dijo riendo también Maximiliano.

_Era fácil encontrarme, no te lo puse tan difícil, - le respondió Isidora.

_ Anduve por varios dormitorios, ahora no te rías tan fuerte que los demás nos pueden encontrar, quedémonos acá un rato sin hacer mucho ruido, eres ahora mi prisionera, - le dijo Maximiliano.

_ Lo que usted diga buscador empedernido, siempre me encuentras a mí, nunca a mis hermanas, aún no me explico por qué, - comentó sonriendo Isidora.

_ No creo que deba explicarte mucho eso, -contestó Maximiliano.

Él la apretaba suavemente, con ambas manos en el ombligo de la Isi, mientras ella se movía como intentando escapar, el sentía su pubis ardiendo, ella comenzó a sentir como la entrepierna de su primo se endurecía, sintió sus mejillas ruborizadas, él acercó su boca al cuello de Isi, quien sentía la respiración del Maxi caliente cerca de su oreja, lo cual la excitaba, ambos se movían torpemente en un vaivén agitado, como una lucha en la que intentan escapar pero se mantienen bien agarrados, Isi se da vuelta situándose frente a su primo, quien la toma de la cintura y la ciñe hacia él, entonces bajo el fervor del momento se besan torpemente, sus lenguas se exploran minuciosamente, disfrutan del calor que sienten en cada parte de sus inexpertos cuerpos. Sorpresivamente se enciende la luz el dormitorio, esto provoca que los primos se suelten rápidamente, oyen pasos y ven unas sombras de pies que se posan frente a la puerta del ropero, escuchan entonces esa ronca y jovial voz del tío Mateo que dice:

_¡ Ya salgan de ahí dentro el par de primitos, no hagan cosas que después se puedan arrepentir y terminen infelizmente casados antes de tiempo!

El tío Mateo es el cincuentón rebelde de la familia, trabaja en asuntos que solo él mismo entiende, y esto le alcanza para mantener su vida bohemia y su moto Harley-Davidson en excelentes condiciones, del departamento que tiene en la comuna de Las Condes no se preocupa ya que fue el abuelo Augusto (su padre) quien se lo compró, todos lo llaman “el negro” , ya que tiene el cabello oscuro, y eso comparado con todos los demás que tienen el pelo rubio o castaño claro, lo diferencia notablemente a pesar de su blanca piel y sus ojos azul oscuro, las malas lenguas comentan que tal vez haya en él genes de una historia oculta, pero su estatura de metro noventa y siete, su voz potente y su simpatía e inteligencia natural lo hacen único, es considerado por todos como parte trascendental de la familia, aceptando sus rarezas, además de su inadaptabilidad con las costumbres familiares. Tiene fotos junto a Charly García, Jorge González, Ronaldinho Gaúcho y Maradona, en fiestas infernales que a veces, cuando ha bebido suficiente whisky, va relatando por partes, cada diferente vez que cuenta la misma fiesta, da diversos detalles, cual más caótico y peculiar, pero que animan a la concurrencia en las ostentosas fiestas familiares que se realizan a menudo.

Pero a pesar de todo aquello “el negro” no es considerado dentro de los negocios de la familia, las reuniones importantes, las fotografías sociales en revistas y periódicos connotados del país, no requieren su presencia, es el miembro de la familia que no existe en esas ocasiones, para lo demás, bienvenido sea, en espacial cuando le dejan la tarea de supervisar al montón de sobrinos, la mayoría adolescentes, que llegan a la casa-mansión de uno de sus hermanos.

Isidora y Maximiliano abren la puerta del ropero, aparecen con sus rostros acalorados y de rojizos, ella se peina su cabello nerviosamente mientras él se pasa la mano por la frente secándose un poco de sudor que comenzaba a correr por su frente, “el negro” los mira con ternura, los recuerdos junto a la nostalgia vuelven a él, a ese gran amor ingenuo e inocente que vivió cuando joven, en su prima adorada con quien jugueteaba a escondidas, aún podía sentir la suavidad de su pelo y la humedad de esos exquisitos labios, pero fue abducida por su familia quienes la alejaron de él, y terminó casada por negocios viviendo en un país europeo, y la única vez que “el negro” tuvo un sentimiento fuerte y puro, fue en esa juventud perdida, después continuó según sus posibilidades, las fiestas, conciertos y vida bohemia fue la vía que tomó para escapar de aquella sensibilidad cursi y patética, pero al pillar a sus sobrinos en esas travesuras, inevitablemente lo hizo viajar a esos momentos y sensaciones, aunque ahora el presente ya fuese un asunto muy distinto.

_ Vuelvan con los demás mejor será, y cálmense con los jueguitos de las escondidas, por su bien, - les dice el tío Mateo sonriendo, mientras la pareja se retira trotando hacia el vasto patio de la casa mansión, donde se encuentran los otros primos que gozan de su privilegiada adolescencia.


La Sharon se esconde tras un muro abandonado en el sitio eriazo que queda atrás del campamento en la población “El Castillo V” de la comuna de La Pintana, se aguanta la risa para no ser descubierta por su primo el Dylan que le tocó el turno de buscar, los demás cabros andan esparcidos por todos los rincones del campamento, escondidos entre cajones de tomates apiñados o en alguno de los muchos inmensos hoyos que la lluvia y el tiempo han producido en la tierra que alberga las casas improvisadas de los pobladores del Castillo V, ella en cambio se escondió en un lugar más alejado, ya que los muchachos suelen buscarla más a ella y a la Yamileth, por ser las únicas chicas del grupo, está nerviosa ya que sabe que el Dylan intentará encontrarla más a ella que a los demás.

La Sharon escucha unos pasos en la hierba seca al otro lado del muro, intenta contener la respiración para evitar ser descubierta, aunque siente que una parte de ella quiere ser encontrada por su primo, mientras el Dylan se acerca por un lado del muro, la Sharon se mueve hacia el otro lado, comienzan así una persecución circular alrededor del desamparado muro, _ Sé que estay aquí Sharon , -le dice gritando el Dylan, y se escucha la risa de su prima que se detiene hacia en el lado del muro que da al sitio eriazo, y el Dylan se detiene casi chocando con ella y ambos adolescentes se abrazan con alegría.

_ Tay escondía en el poto de la pobla, no queríai que te encontrara parece – le dice el Dylan a su prima.

_ Esa es la idea del juego po, que no me encontrí - le responde ella.

_ Pero tú sabí que querí que puro te encuentre – le dice el Dylan.

_ ¿Y de donde sacaste esa custión? – pregunta ella riendo.

Entonces él la aprieta contra su cuerpo delgado y tonificado tanta pichanga que juega a diario, y siente sus senos bien formados contra su pecho, y eso lo excita enormemente, y sonriente acerca su boca a la de ella, y muy cerca casi rozando sus labios el Dylan le dice:

_ ¿Acaso no es verdá que te gusta que te pille? , y ella siente el pene erecto de su primo oprimiendo su entrepierna, el pantalón buzo que ocupa el Dylan deja todo en evidencia, la Sharon se ruboriza, siente el deseo pero en ese juego le viene una culpabilidad moral que aprendió en alguna parte, tal vez el colegio, o el curita con su sermón que va a la población de vez en cuando.

_ Me gusta un poco, pero no podemos ponernos cochinos, somos primos Dylan ,- le dice con suavidad y excitada la Sharon.

_ Pero si tamos jugando no más, no va a pasar a más, ¿o acaso no te gusta jugar conmigo? , - dice el Dylan, le toma la mano a la Sharon y la coloca sobre su miembro erecto, por sobre el pantalón de buzo y dice: _ ¿no te gusta hacerle un cariñito a esto rico que tengo abajo?

_ Sí lo teni rico, pero nos va a castigar diosito y nos puede pillar alguien, justo puede andar dando una vuelta alguien de la pobla, y me van a pillar manoseándote la custión –le dice ella y se da vuelta, el la abraza por la espalda y masajea su sexo sobre las nalgas de su prima, y bastante excitado le dice: _ ¿ y cuando ay creído tú en diosito?, te tiene engrupía el curita ese.

Mientras el movimiento candente continúa, ambos moviéndose torpemente en un vaivén caliente, escuchan un vozarrón conocido que viene desde el sitio eriazo, como a unos 30 metros de distancia que dice:

_ ¡Ya suéltense los califas de mierda! ¿o acaso quieren terminar de cabros chicos con una guagua con cola e chancho?, como si no fuéramos hartos ya en la casusha , - es el tío Lucho, más conocido como el tío pistola en la población, viste un poncho heredado de su padre, de tonos café al igual que su boina regalona, que compró con mucho esfuerzo gracias a unos de los trabajos que a veces encuentra, como temporero, obrero de la construcción o cargando cajas en la feria, gracias a él siempre había un plato de comida en una casa pequeña plagada de comensales, pero a pesar de la escasez, las enfermedades y lo difícil del día a día, la marraqueta no podía faltar en la mesa.

Muchas historias rondaban alrededor de la figura del tío pistola, sus padres ya fallecidos eran de campo, llegaron a la capital a probar suerte, pero siempre fue sacrificado el trabajo, criaron ocho hermanos, de los cuales tres viven con sus hijos en la casucha del campamento, el tío pistola no tiene hijos, siempre ha dicho que cuestan mucha plata los cabros chicos, le dicen pistola ya que muchas de sus acciones han sido explosivas y arrebatado como un disparo, un mes de Junio para la noche de San Juan partió con una frazada además del poncho a quedarse bajo una higuera en medio del campo, quería comprobar si era cierto que se aparecía el “cola de flecha”, a la mañana siguiente llegó a la casucha, se hizo una marraqueta con mantequilla y partió a trabajar a la construcción, nunca contó si se encontró al diablo; en otra oportunidad en que muchas personas de la población observaron pequeñas luces que se movían en hilera por la línea férrea, pensaban que eran fantasmas, personas atropelladas por el tren que venían a atormentar a quien osara acercarse de noche a la vía ferroviaria, el tío pistola sin pensarlo se aventuro hacia la oscuridad absoluta donde solo se veían aquellas lucecitas caminantes, y volvió con el misterio resuelto colgando de una mano, resulta que eran guarenes , ratones de gran tamaño que se llevaban las velas encendidas de una animita del sector, velas que posteriormente se comían completamente, para que le creyeran el tío pistola mató a una de aquellas criaturas, llegó con ella y la vela mordida para saciar la curiosidad de todos; el tío pistola dormía arriba de un árbol cerca de los cerros, le daba palizas a quien se pasara de listo en especial en la taberna, pero era quien siempre mantenía a la familia con algo de alimento para sobrevivir, era el querido tío Lucho, el único tío pistola.

Y mientras el Dylan trataba de disimular el pene erecto bajo el pantalón de buzo, y la Sharon se tomaba el pelo con un moño, el tío pistola los miraba seriamente acercándose hacia ellos, y cuando estuvo a un paso, le dio una palmada en la nuca al Dylan diciendo:

_ Más respeto con la prima, no empiecen a jugar a ser grandes todavía, miren que harto les falta al parcito, y otra cosa, son primos y los primos no están pa esas cosas, asi que calmen las pasiones y calenturas, porque aunque estén más grandecitos aún les puedo dar un par de correazos pa que entiendan, ¿Tamos claros?

La Sharon y el Dylan, ambos con la mirada hacia el suelo asintieron con la cabeza, se sentían avergonzados y sorprendidos en algo en lo que incurrían continuamente, después de este día sabían ambos que tendrían que reprimir esos deseos, o hacerlo muy a escondidas y completamente alertas, sabían que el tío pistola no los delataría, pero estaría siempre atento a ellos, y el problema estaba en que se movía como una sombra, de un momento a otro se hacía presente sin que alguien se percatara de su presencia.

_ ¿Tamos claros? – repitió el tío pistola, -quiero escucharlos claritos al parcito.

_ Sí, estamos claros – repitieron al unísono los primos.

_ ¡Muy bien! , se me van a empezar a portar bien – concluyó riendo el tío pistola, -ahora vamos pa la casusha que hay mucho que hacer.

Y los tres partieron más animados atravesando las calles de tierra, esquivando hoyos y casas fabricadas con cartón, cholguán y plumavit, acariciando a algún perro quiltro que los seguía en su caminar, de los muchos canes vagabundo que deambulaban en el campamento de la población de “el castillo V” en la comuna de La Pintana.


En la casa-mansión de Lo Barnechea el papá de Isidora, hermano de “el negro”, llama a su esposa y parientes presentes, sus hijos y sobrinos, al living luego de encender la televisión LED de 60 pulgadas, en las noticias pueden ver que en el sector centro de la capital hay fuertes manifestaciones, barricadas en varias calles, muchas personas en las calles con pancartas en contra del sistema imperante y en especial del gobierno, la familia mira sorprendida en su gran pantalla lo que ocurre en esos momentos.

_ Estos upelientos están desaforados, el gobierno debe sacar a los militares a la calle para que ordenen todo esto – dice con vehemencia el papá de Isidora, -si dejan que esto continúe nuestras inversiones se pueden ver afectadas negativamente, ¡se les está escapando de las manos a estos ineptos!

_ ¿Por qué ocurre todo esto papá? –pregunta Isidora.

_Porque estos comunistas quieren todo gratis, como siempre Isi, por qué más va a ser –responde su padre.

_Tal vez simplemente lo que buscan es mejorar las desigualdades existentes - comenta “el negro”, -puede que solo busquen tener derechos que no tienen.

_ ¡Ósea que tú apoyas a estos comunistas de mierda! – dice apasionadamente el papá de Isidora, - debe ser por tus amistades izquierdistas que tienes por ahí vagando, un montón de buenos para nada.

_Yo solo lo digo por lo que veo, es lo que señalan sus letreros –contesta “el negro”.

_Llamaré inmediatamente a mis socios para ver una salida a esta tragedia, lo único que quiere este montón de rotos es acceso a nuestros privilegios, -dice ofuscado el papá de Isidora. Y parte rumbo a su oficina privada en el segundo piso de la casa-mansión.


En la población de La Pintana, un grupo de gente se amontona frente al único televisor que tiene una familia en el campamento, lo ponen al aire libre para que todos los vecinos vean lo que está sucediendo en el centro de la capital, todos miran asombrados como una revuelta social comienza a producirse, y al parecer el movimiento se comienza a expandir por varios sectores del país, algunos jóvenes de la población se animan y se mueven hacia una calle central de la comuna para hacer su propia barricada.

 
 
 

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