EL FIN
- Claudio Zúñiga Rojas
- 16 ago 2021
- 2 Min. de lectura
Se terminó el agua y se acabó el mundo, hace meses que estamos encerrados en nuestro departamento, tras puertas aseguradas con decenas de maderos clavados y alambres de púas, miramos la calle desde nuestro cuarto piso, por un pequeño espacio que dejamos para ver entre las placas de metal que cubren las ventanas, en la calle se ven pasar cada dos o tres días algún ser que vaga buscando alimento, como nosotros cuando salimos, con temor a todo lo que pueda aparecer.
Las pocos humanos que sobreviven se establecen en pequeñas bandas, actúan como zombies pero nunca se infectaron, la mayoría caníbales, aunque todos somos carroñeros, nosotros somos cuatro, dos parejas que nos quedamos en este espacio para cuidarnos de los cambios que precipitadamente se presentaron una vez que el planeta se comenzó a calentar, aunque la verdad es que mi chica y yo ya no confiamos en ellos, y sabemos que ellos desconfían de nosotros, dormimos cada uno con un cuchillo en la mano, los momentos en que logramos cerrar un ojo, el temor es una constante, ni siquiera estoy seguro que la mujer que duerme junto a mi, con quien he vivido años, mucho antes de todo este apocalipsis, es de fiar, uno de estos días tendré que matarla, por más que la amo inmensamente, pues si yo no lo hago ella lo hará en cualquier momento.
Podría pedirle a Dios si es que aún creyese en algo con ese nombre, que acabase de una vez con todo esto, sin sufrimiento, sin la oportunidad de escape alguno, me paro como sonámbulo de la cama, quizá rezando de todos modos, plegaria que elevo al vacío, y entonces un milagro, mirando por el espacio de la ventana veo una ola de cien metros que va cayendo sobre Santiago.


Comentarios